Soneto a un Mamarracho

Un mamarracho, bufón anaranjado

de una gran nación se ha vuelto presidente,

desde twiter con su pulgar muy caliente,

guerras arma sin parar este tarado.

Los tremendos retrocesos que ha logrado

con un solo manotón este demente,

que cumpliendo gobernar como creyente,

el fascismo en todo el mundo ha fomentado.

El derecho de mujeres ha usurpado,

obligadas   a parir sin otra opción,

mientras habla de pudor el depravado.

Al monigote cual pato bautizado,

Un día lo agarrarán, gran bravucón,

y será entonces, un Donald desplumado.

Trump - Saltimbanqui Fascista

 

Anuncios

Spanglish

Quiero meterme en ti,

Muchacho de piel dorada

Y from dawn to dusk

Quedar a ti prendada

 

Quiero perderme en tu aroma

Embriagarme en tu sudor

Saborearte lentamente

Without any rasgo de pudor

 

Déjame fundirme en ti,

Mi dulce brownie adorado

Para siempre o por un instante

Anyway a ti amarrado

Rendición

Tú, capricho delirante
que quemas cuando rozas,
que ardes cuando besas,
que consumes cuando amas.
No preguntes si me gustan
-Si son tuyos esos besos-
Déjalos donde quieras:
En mi alma o en mi cuerpo.
Explórame a tu antojo
Descubre mis secretos
Lléname de ti,
En un momento eterno
Contigo me gusta todo,
Mi susurro en el viento.

 

Venga, cuenta.

Caminaba a lo largo del escueto pasillo, tropezando con maletas y pasajeros que aún buscaban su asiento. 

“17A y B” dijo en voz alta mientras ponía sus ojos en aquel rostro flanqueado de ojos turquesa y pecas anarquistas con cierto orden y estructura.

-¿Te importa si me siento?

-¿Puedes quedarte de pie?- respondió con picardía

-Podría pero no quiero- contesté

-Pues no preguntes y haz lo que te venga en gana. 

Me senté sin mucha seguridad pero determinado a equivocarme. La maleta era pequeña pero el equipaje que llevaba era pesado; incómodo como una loza de granito colocada en un nicho fresco, recién liberado, a esperas del muerto.

-Ya que me senté…

-Porque te dio la gana- interrumpió.

-Quiero estar cómodo.

-Pues quítate lo que te incomoda, no veas como escuece volar incómodo.

-¿Ah si?

-Si, en el último viaje quedé dura.

-¿Cómo así?

-Llevaba una carga que aún cuando el avión hubo despegado tiraba de mi hacia abajo… 

-¿Cómo anclada?

-¡Exacto! Con una asfixia que aumentaba a medida que ganaba altura

-Pues voy a quitarme esto de encima.- repliqué con prisas, desabrochando las ataduras de mi mente.

-Venga, cuenta.

-De acuerdo, te lo contaré. 

Confesé mi crimen a sabiendas de ser juzgado.

-La maté con el más seco de los despechos. Y ahora que está muerta no quiere volver a la vida. 

-¡Ay amigo! El arma del desamor es traicionera y de doble cañón. El disparo, sale en ambas direcciones.- Después de eso cerró los ojos, respiró profundo  y sintió el vacío. 

Isaac Suárez

Saltimbanqui Fascista

 

Con tu piel anaranjada
y tus manos diminutas,
Saltimbanqui mayor
Como facho hoy debutas.

Promueves el elitismo, el odio,
la xenofobia, el racismo.
Acusas de violadores a los latinos
y tú mismo no ocultas el machismo.

Arrebatar los hijos a los inmigrantes,
En la frontera con Méjico ordenas.
Nos quieres sordos al llanto solitario
de los niños que sin razón tú condenas.

¡Saltimbanqui Fascista!
¡Una y mil veces te maldigo!

Porque desprecias y castigas
al gay, al musulmán, al latino,
a la mujer, al forastero, al negro.
A los que “perdieron” el favor divino.

¡Hipócrita! En tu lista de odio
No todos son incluidos:
Solo a aquellos que, sumado al color de piel,
creencias, género u origen,
son pobres y desvalidos.

Admítelo! Payaso aporofóbico.
Los pobres Para ti son una “plaga”, unas “ratas”
te dan asco, te asustan, te dan nauseas,
Te hacen vomitar palabras insensatas.

¡Saltimbanqui Fascista!
¡Una y mil veces te maldigo!

Hipócrita lame suelas
De los Jeques Musulmanes,
Te regocijas con dictadores,
y te rodeas de rufianes.

Al saltimbanqui cosaco
Ya le haces los mandados
Alabas al mercachifle ingles
Que a muchos tiene embaucados.

Guiñapo anaranjado,
de manos diminutas,
El título de facho
ya no lo disputas.

Remedo de Mussolini,
El pueblo te dará tu castigo
Por ahora, desde el fondo de mi alma
Saltimbanqui Fascista:
¡Una y mil veces te maldigo!

En mi ausencia

Señora Gloria, ¿me presta el teléfono por favor?

Si claro y se lo pasó por la pequeña ventana de atención al público.

¿Hola? si, mija ah, mija buenas, es que tengo que decirle que está noche no voy a la casa.

¿Qué? ¿Que por qué? ¡Ah! Es que la señora Gloria quiere que trabaje toda la noche.

¿Qué? ¿Que si viene a traerme desayuno?

No, ¡no me traiga nada! Aquí nos van a dar.

“Bueno mija, hasta luego. Sí, si gracias mañana en la noche nos vemos. Sí, si tranquila yo como bien y descanso, ¡no se preocupe!”

Y… colgó el teléfono; uno de aquellos que tenían cable enroscado y marcador de disco.

Al devolver el teléfono a su jefe la miró picarón diciendo: “¡ah! No se preocupe es que hoy me voy por ahí de paseo con una chica que conocí”.

Bueno, -dijo ella- sólo que así, porque yo que me acuerde hoy no tenemos horas extra.

“Así es, pero; ¡Una muchacha al año no hace daño! ¿Verdad?”

Sí es verdad- le dijo doña Gloria, la jefe-

Y… ¿sabe? a mi me gustaría mucho que mi marido me llamara y me dijera que no viene a la casa en toda la noche.

¿si? ¿por qué? -Pregunta el obrero-.

Bueno… dice la doña- porque así aprovecharía para ir adonde mi vecino del piso de arriba, que se acaba de divorciar. Esta… rebueno y haríamos el amor toda la noche. Me fascina ese hombre antes era prohibido, pero ahora NO, Uuuuy que rico! Luego, por ahí a las siete de la mañana me bajaría a mandar los niños a la escuela y todos felices.

El trabajador la miró, y sus ojos parecían disparar pequeños dardos mortíferos.

Se retiró a lo suyo sin mirar a su jefe a la cara.

Y a medida que transcurría la tarde sentía que se dejaba ir y se perdía en el vacío, en la duda.

¡No aguantó! Una hora más tarde regresó a la oficina: “Doña Gloria: -dijo- ¿me da permiso de salir más temprano?”

¿Y cómo para que? -preguntó ella- con cara de pocos amigos.

“Bueno -dijo él, preocupado- es mejor ir a ver qué hace mi mujer en mi ausencia” .

LA LUNA POÉTICA

Eran las 8:20

Ella no llegaba

Ella no llamaba.

Ella estaba tarde

Ni siquiera le gustaba

¿Por qué la seguía esperando?

Él no era poeta,

ella no era hermosa

los astros no ayudaban.

¡Por fin Aparecio!

Sería el vino o la luna

Ella resplandecía jubilosa

Sintió la fuerza de las palabras.

Se llenó de versos.

Quiso naufragar en el azul de sus ojos.

Y así, ella embelleció

Él se poetizó

Y… se perdieron en el horizonte de su mirada.

Patinaz